Como padres, muchas veces vivimos con un temor constante sobre el futuro de nuestros hijos. Ese miedo puede aparecer en cualquier momento y transformarse en preocupación diaria. Soy mamá de dos niños, uno de 5 años y otro de 3, y mi vida cambió por completo cuando, a los 3 años, a mi hijo mayor le diagnosticaron trastorno del espectro autista (TEA). Quiero compartir mi historia con honestidad y profesionalismo para apoyar a otras familias que quizá estén viviendo algo similar.
Señales Que Observé Y Al Principio No Quice Aceptar
Antes del diagnóstico hubo muchas señales, algunas sutiles y otras más evidentes. Mirando hacia atrás puedo identificar:
- Desarrollo motor y del lenguaje más lento: gateó casi al año, se sentó más tarde y comenzó a caminar cerca de los 2 años.
- Retraso en el habla: no hablaba; se comunicaba señalando.
- Hiperreactividad/hiporreactividad sensorial: se tapaba los oídos ante ciertos sonidos, incluso cuando no había ningún sonido.
- Conductas repetitivas: caminar de puntillas, aletear con las manos y girar sobre sí mismo.
- Dificultades en la interacción social y el juego: no jugaba de forma compartida; a menudo observaba más que participar.
- Problemas con la alimentación y el sueño: comió alimentos triturados hasta casi los 2 años y tenía trastornos del sueño.
Aunque varias personas, incluida la pediatra, me sugirieron la posibilidad de un diagnóstico en el espectro, al principio no quise creerlo. Esperaba que “todo se arreglara” con el tiempo. Es una reacción muy humana: negar lo que implica aceptar un cambio profundo en la vida familiar.
Qué Paso Después Y Hacia Dónde Vamos
En futuras entradas hablaré con más detalle sobre cómo nos enteramos formalmente del diagnóstico, cómo fue el proceso para nuestra familia y qué nos dijeron antes del dictamen profesional. También relataré las emociones, los retos y las pequeñas victorias que fuimos viviendo.
Consejos Prácticos Que Me Han Ayudado
Basándome en nuestra experiencia, dejo algunos consejos que pueden ser útiles para quienes están en la incertidumbre:
- Escucha tus observaciones: como madre, tú conoces mejor a tu hijo. Si algo te inquieta, anótalo y coméntalo con el pediatra.
- Busca una evaluación profesional temprana: la intervención temprana puede marcar una gran diferencia en el desarrollo.
- Infórmate con fuentes confiables: evita conclusiones rápidas basadas en mitos; apóyate en equipos multidisciplinarios (neuropediatra, psicólogo, terapeuta del habla, terapeuta ocupacional).
- Conecta con otras familias: los grupos de apoyo aportan información, recursos y consuelo. No estás sola.
- Cuida tu bienestar emocional: cuidar de ti te permitirá cuidar mejor de tu hijo y de la familia. Buscar terapia o espacios de apoyo es válido y necesario.
The Invito A Compartir
En próximas publicaciones compartiré más sobre nuestro proceso: desde la primera sospecha hasta el diagnóstico, las opiniones ajenas que nos dolieron o ayudaron, y las estrategias concretas que nos han funcionado en casa. Me encantaría saber cuál ha sido tu experiencia: ¿qué señales notaste? ¿qué te funcionó al enterarte de que tu hijo estaba en el espectro? Deja tu comentario o escríbeme, así entre todos creamos una comunidad de apoyo y recursos.

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