Muchas veces, por ejemplo, no me cuenta cómo le fue en la escuela o qué hizo durante el día. En otras ocasiones, cuando me ve hablando con otras personas, se pone ansioso y busca mi atención diciendo “mamá, mira” o pidiéndome que deje de hablar.
Mi hijo aún no entabla conversaciones como otros niños, aunque su lenguaje ha mejorado mucho en casa, y su inglés también en la escuela.
Y como mamá entendí algo fundamental:
hablar no siempre significa usar palabras.
Hablar con mi niño, usando frases cortas y sencillas, lo ayuda a expresar sus necesidades, emociones, molestias y gustos. La comunicación puede darse a través de palabras, gestos, miradas, señalamientos o apoyos visuales.
Cuando nos detenemos a escuchar, no solo su voz sino la forma en la que intenta comunicarse, y cuando esperamos su respuesta y validamos lo que expresa, él se siente visto y tomado en cuenta.
Eso construye confianza y seguridad emocional, algo esencial para su aprendizaje y desarrollo.También lo ayuda a entender y reconocer sus emociones.
Muchos niños con autismo o TDAH , como el mío, sienten intensamente, pero no siempre saben cómo expresar lo que sienten o cómo decirlo. Por eso es importante no detenerlos cuando intentan mostrar, a su manera, algo o alguien que les agrada. En lugar de decir “eso no se hace”, podemos enseñarles cómo decirlo o cómo expresarlo.
De esta forma, poco a poco, aprenden a poner nombre a sus emociones:
alegría, miedo, tristeza, enojo, frustración…
A su tiempo, esto les ayuda a comprender lo que sienten y a regularse mejor.
Hablar con mi niño respetando su tiempo, su manera, su forma y usando gestos es una manera de enseñarle a:
✔️ esperar turnos
✔️ escuchar
✔️ responder
✔️ compartir sus gustos
Todo esto le ayudará, con el tiempo, a interactuar con otros y a expresar sus emociones de forma más clara.
Además, favorece la disminución de su frustración y de algunas conductas desafiantes. Cuando aprende a comunicar lo que necesita o siente, muchas crisis sensoriales disminuyen.Muchos comportamientos difíciles no son mal comportamiento, sino frustración acumulada.
Validar su ritmo y su forma de comunicarse, unirnos a su manera de expresarse y, poco a poco, enseñarle otros métodos con frases cortas, abre espacios seguros donde el niño puede comunicarse sin presión.
💙 Cada conversación cuenta.
Aunque parezca pequeña, aunque no haya una respuesta inmediata.
Acompañar, esperar y validar… también es comunicar.

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