Es Importante Que Mi Hijo Autista Aprenda A Atarse Los Cordones?

A veces, como madres, padres o cuidadores, sentimos que hay una lista invisible de cosas que nuestros hijos “deberían” lograr.

Y una de esas expectativas sociales, casi automática, suele ser: “Ya debería atarse los cordones”. Pero detengámonos un momento. No estoy diciendo que aprender a atarse los cordones no sea útil. Claro que puede serlo. Lo que estoy diciendo es que no es una prioridad universal, y mucho menos una medida definitiva de autonomía, progreso o buen desarrollo. Porque para muchos niños autistas, atarse los cordones no es solo un paso cotidiano. No es simplemente practicar un poco más. Es una tarea que puede implicar muchísimo más:

▪️ planificación motora compleja
▪️ coordinación bimanual precisa
▪️ integración visual y propioceptiva
▪️ secuenciación de pasos en orden
▪️ tolerancia sensorial al roce, la presión y el contacto
▪️ capacidad emocional para sostener la frustración

Y cuando todo eso se exige antes de tiempo, lo que se enseña no es independencia.

Lo que se enseña es: agotamiento, ansiedad, sensación de fracaso
, la idea de que siempre está “atrasado”. A veces el problema no es el niño. A veces el problema es la expectativa. Entonces, quizás la pregunta no debería ser:

“¿Ya sabe o no sabe atarse los cordones?”

Sino algo mucho más importante: ¿puede vestirse sin angustia?,¿puede prepararse para salir sin entrar en crisis?, ¿puede comenzar el día regulado?, ¿tiene opciones que respeten su cuerpo y su ritmo? O ¿se siente seguro en su autonomía cotidiana?

Porque la verdadera autonomía no se trata de hacer todo igual que los demás. La verdadera autonomía es poder vivir con menos estrés y con más control sobre el propio cuerpo y las propias necesidades. Velcro, elásticos o zapatos sin cordones no son “rendirse”. No retrasan el desarrollo. Son apoyos. Y los apoyos no quitan capacidades. Las liberan.

Permiten que la energía del niño se use en lo que realmente importa: ,comunicarse, regularse, aprender, disfrutar, participar en la vida sin sufrimiento innecesario. Quizás algún día aprenderá a atarse los cordones. Quizás no. Y ninguna de esas opciones define su valor, su inteligencia ni su futuro. Porque un niño no vale más por hacer un nudo perfecto.

Vale más porque existe. Porque siente. Porque aprende a su manera. Porque merece una infancia sin presión constante.A veces, soltar una expectativa social abre espacio para desarrollar habilidades que sí importan de verdad. Y eso también es acompañar.


Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *