No es terquedad. No es mala crianza. No es un capricho. Es parte de cómo su sistema sensorial y neurológico percibe el mundo. En muchos niños dentro del espectro autista, los sentidos funcionan de manera distinta. Lo que para otros es normal, para ellos puede resultar abrumador, incómodo o incluso doloroso.
Para algunos, la comida crujiente suena demasiado fuerte en su boca. Otros solo aceptan alimentos suaves, del mismo color o forma porque eso les da previsibilidad y seguridad. Muchos evitan probar cosas nuevas porque su cerebro se sobrecarga con facilidad ante lo desconocido. Cada rechazo tiene una razón.
Cada no quiero es una forma de comunicación 💙.Como mamá, papá o cuidador, puede ser frustrante, cansado y hasta angustiante no saber cómo ayudar.
Pero acompañar con comprensión cambia todo.
La buena noticia es que sí es posible mejorar la relación con la comida sin forzar, sin castigos y sin estrés. Comprender por qué ocurre la selectividad alimentaria. Reducir el rechazo a ciertos alimentos de manera respetuosa. Introducir nuevos sabores, colores y texturas de forma gradual. Crear rutinas sensoriales positivas durante las comidas. Acompañar el proceso con estrategias utilizadas por terapeutas especializados. No se trata de que coma de todo de un día para otro.
Se trata de avanzar con paciencia, respeto y amor, al ritmo de tu hijo. Porque cuando el niño se siente seguro, el progreso llega 🌱

Deja una respuesta