A veces, desde afuera, puede parecer una rabieta, un mal comportamiento o una exageración. Pero en realidad, muchas de esas reacciones tienen una explicación muy importante: la sobrecarga sensorial. Para muchas personas dentro del espectro autista, el mundo se percibe de una manera distinta. Los estímulos que para otros son normales o fáciles de ignorar, para ellos pueden sentirse multiplicados, como si todo estuviera demasiado fuerte, demasiado rápido, demasiado cerca.
¿Qué es la sobrecarga sensorial?
La sobrecarga sensorial ocurre cuando el cerebro recibe más información de la que puede procesar al mismo tiempo. Imagina estar en un lugar donde:
- Las luces son demasiado brillantes
- Los sonidos parecen amplificados
- Los olores se sienten intensos
- Hay demasiadas personas moviéndose
- Te tocan sin avisar
- Todo sucede a la vez
Para un niño con autismo, esto puede sentirse como estar en medio de una tormenta sensorial, sin poder apagar nada. No es una elección. No es un capricho. Es una respuesta real del cuerpo y del sistema nervioso. Lugares que puede suceder, en una tienda, en el doctor, en una linea de espera , en un lugar concurrido y muy cerrado con mucha gente entre muchas otras. Hasta un lugar solo sin ruido puede sobreestimulado
¿Cómo se manifiesta?
Cada niño lo vive de manera diferente, pero algunas señales comunes de mi hijo pueden ser:
- Llanto repentino o gritos
- Taparse los oídos o cerrar los ojos
- Intentar salir corriendo o esconderse
- Movimientos repetitivos (, saltar mucho, moverse de un lado a otro , balanceo, girar objetos)
- Irritabilidad o frustración intensa
- Malestar físico, como náuseas o dolor de cabeza
Estas reacciones son una forma de comunicar:
“Esto es demasiado para mí. No puedo manejarlo ahora.”
¿Qué podemos hacer como adultos y como sociedad?
Lo más importante es recordar que el niño no está portándose mal, está intentando sobrevivir a un entorno que se siente abrumador. Algunas cosas que pueden ayudar mucho:
Ser pacientes y no juzgar
Nadie conoce mejor al niño que su familia y ellos solamente entienden el que los irrita y que no. Una mirada de crítica o un comentario puede hacer todo más difícil. A veces, lo único que esa familia necesita es comprensión.
Reducir estímulos cuando sea posible
Buscar lugares más tranquilos, usar sus audifonos de cancelacion , horarios con menos gente o permitir descansos sensoriales puede marcar una gran diferencia. Pequeños cambios pueden evitar grandes crisis.
Respetar el espacio personal
No todos los niños toleran el contacto físico, los abrazos inesperados cuando estan muy alterados o estar rodeados de muchas personas. Preguntar y respetar siempre es clave. Los padres saben como mejor calmarlos
Entender que autorregularse es necesario
Los movimientos repetitivos no siempre son algo negativo son una manera de calmarse. Muchas veces son una herramienta del niño para calmarse y organizar sus sentidos.
Crear una comunidad más amable
Cuando una sociedad es más inclusiva, las familias pueden vivir con menos miedo y más tranquilidad. Un gesto amable, un espacio accesible o simplemente no juzga , solo escucha y entiende a esa familia ya que conocen a sus hijos son los padres y esto puede cambiarlo todo.
Un recordatorio final
Cada niño es único. Lo que abruma a uno puede no afectar a otro. Y lo que calma a uno puede no funcionar igual en todos. Pero algo es universal: El apoyo, la empatía y la comprensión siempre hacen la diferencia. Cuando entendemos la sobrecarga sensorial, dejamos de ver conductas difíciles y empezamos a ver lo que realmente es: una necesidad profunda de cuidado, respeto y acompañamiento. 💛
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