Segun mi expereincia con mi hijo en la escuela y de lo que me he informado lo que desde fuera puede parecer distracción, falta de interés, desobediencia o poca motivación, en realidad es la manifestación de un cerebro que procesa la información de una manera diferente.
No es un problema de actitud.
No es falta de límites.
Es neurobiología.
Comprender esto cambia por completo la forma en que acompañamos, enseñamos y evaluamos.
En el TDAH: cuando el filtro de estímulos no funciona igual
¿Qué sucede en el cerebro?
En el TDAH, regular la atención, el autocontrol y la organización— tiene dificultades para priorizar estímulos cuando la actividad no resulta inmediatamente interesante o gratificante.
Por lo que he aprendido la dopamina, neurotransmisor clave para la motivación y el enfoque, no se libera de la misma forma que en un cerebro neurotípico.
Esto provoca que el cerebro no logre filtrar lo irrelevante.
Para ese niño:
- la voz de la maestra
- el ruido de una silla moviéndose
- un lápiz que cae
- una conversación al fondo
- o un pájaro en la ventana
tienen la misma intensidad.
Todo compite por atención al mismo tiempo.
¿Cómo se ve esto en el aula?
Por eso pueden:
- parecer distraídos o “soñando despiertos”
- moverse constantemente en la silla
- levantarse sin permiso
- jugar con objetos, lápices o su ropa
- balancearse, golpear la mesa o tararear
Estas conductas no buscan molestar.
Son estrategias de autorregulación.
El movimiento ayudan a aumentar la dopamina y a mantener el cerebro encendido.
Cuando el cuerpo se mueve, el cerebro logra sostener la atención por más tiempo.
No es que no quieran escuchar.
Es que su cerebro lucha activamente contra la desconexión.
El error común
Cuando se les pide constantemente:
“Quédate quieto”
“Presta atención”
“Deja de moverte”
Sin ofrecer alternativas, el mensaje que reciben es:
“Tu forma de funcionar está mal”.
Con el tiempo, esto impacta en su autoestima y en su motivación para aprender.
En el autismo: sobrecarga sensorial y dificultad con el contexto
¿Qué ocurre en el cerebro autista?
En el autismo, el cerebro tiende a procesar los estímulos sensoriales con igual intensidad, sin jerarquizar cuáles son importantes y cuáles no.
El aula se convierte en un entorno abrumador:
- luces fluorescentes que parpadean o zumban
- voces superpuestas de muchos compañeros
- ruidos inesperados
- olores fuertes
- cambios constantes de actividad
Todo entra al mismo tiempo.
Esto genera un cansancio profundo, estrés y, en muchos casos, ansiedad.
¿Cómo se manifiesta en clase?
Por eso pueden:
- parecer ausentes o desconectados
- taparse los oídos o los ojos
- evitar el contacto visual
- quedarse inmóviles
- necesitar aislarse
En otros casos, pueden enfocarse de forma muy intensa en un solo detalle de la lección y perder la idea general.
No porque no entiendan, sino porque su cerebro profundiza antes de avanzar.
El lenguaje también importa
Las instrucciones ambiguas, figuradas o poco claras pueden ser especialmente difíciles:
- “Pórtense bien”
- “Hagan esto rápido”
- “Ya saben lo que tienen que hacer”
Si no es literal, clara y estructurada, el cerebro puede quedarse “atrapado” intentando descifrar qué se espera exactamente.
Esto se interpreta muchas veces como lentitud o falta de comprensión, cuando en realidad es procesamiento profundo y cuidadoso.
Cambiar la mirada transforma la educación
Cuando entendemos esto, dejamos de ver:
❌ mala conducta
❌ desinterés
❌ flojera
y empezamos a ver:
✅ cerebros diferentes
✅ necesidades distintas
✅ formas alternativas de aprender
La inclusión no comienza con castigos ni exigencias rígidas, sino con comprensión, ajustes y empatía.
Porque cuando un niño se siente comprendido, su cerebro aprende mejor.

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