En muchos niños autistas, la realidad es más simple: necesitan más tiempo para llegar a la respuesta.
Responder no es solo hablar. Es apenas uno de muchos pasos que deben procesar.
Cuando se demoran, puede ser porque aún están organizando la información, porque no saben cómo responder, o porque la pregunta los sobreestimuló y están pensando cómo decirlo.
Antes incluso de escuchar tu voz, su cerebro ya está procesando todo a su alrededor: luces, ruidos, olores, movimientos. Todo eso requiere energía.
Si hay demasiados estímulos sensoriales, escucharte y comprenderte se vuelve aún más difícil.
Además, no solo deben entender la pregunta, sino también el tono:
¿Estás jugando? ¿Es una prueba? ¿Estás molesto?
Todo eso también se procesa.
Muchos niños autistas y con TDAH han pasado por correcciones constantes.
Eso genera tensión, miedo a equivocarse y dificultad para organizar una respuesta que “sea la correcta”.
Responder puede significar muchas cosas:
hablar, mirar, señalar, usar un gesto, buscar una imagen o un apoyo visual.
La mayoría de las veces, la respuesta está ahí, solo que les cuesta sacarla.
Por eso es tan importante darles tiempo.
Segundos… o incluso minutos.
Pueden estar cansados, frustrados, concentrados o simplemente esperando sentirse seguros.
Haz la pregunta y espera.
Mantén el rostro neutral, sin presión, sin exigir contacto visual.
No repitas la pregunta una y otra vez. Eso solo añade más carga.
Si no responde, adapta:
- Ofrece opciones
- Permite que responda señalando, asintiendo, con sonidos, gestos o emociones
- Reduce estímulos como ruidos o distracciones
Siempre ofrece apoyo.
Repetir la pregunta constantemente genera más estrés y tensión.
Acompañarlo, ayudarlo y estar disponible cuando lo necesite es la mejor forma de ayudarlo a responder. 💙

Deja una respuesta