La epilepsia es mucho más frecuente en niños autistas que en la población general. Se calcula que entre un 20% y un 30% de los niños con autismo pueden presentar epilepsia en algún momento de su vida, especialmente si además tienen dificultades de aprendizaje o discapacidad intelectual. ¿Por qué sucede? Porque tanto el autismo como la epilepsia están relacionados con la forma en que se desarrolla el cerebro. A veces comparten las mismas causas:
• El cerebro se desarrolló de manera diferente desde muy temprano, y las conexiones entre las neuronas funcionan de otra forma.
• Existen factores genéticos o síndromes que pueden causar ambas condiciones al mismo tiempo, como el Síndrome de Rett o la Esclerosis tuberosa.
• Algunos niños con autismo tienen una mayor sensibilidad en ciertas áreas del cerebro, lo que aumenta la posibilidad de crisis epilépticas.
¿Cuándo suele aparecer?
Hay dos momentos en los que la epilepsia aparece con más frecuencia en niños con autismo:
- Durante la infancia temprana, especialmente entre los 2 y 5 años.
- Durante la adolescencia, entre los 10 y 15 años, cuando el cerebro atraviesa muchos cambios.
¿Cómo puede notarse?
No siempre se presenta como una convulsión fuerte o evidente. Muchas veces las señales son más sutiles y pueden confundirse con comportamientos propios del autismo:
• Quedarse mirando fijo al vacío durante unos segundos.
• “Desconectarse” de repente y no responder.
• Movimientos repetitivos o sacudidas bruscas de brazos, piernas o cara.
• Rigidez, caídas o pérdida del conocimiento.
• Cambios repentinos después del episodio, como mucho sueño, confusión, irritabilidad o cansancio.
• Tener periodos en los que parece “estar ausente” varias veces al día.
Por eso es tan importante observar cuándo sucede, cuánto dura y cómo se comporta el niño antes y después. ¿Qué se debe hacer? Si hay sospecha de epilepsia, lo más importante es consultar con un neurólogo. Generalmente se realiza un electroencefalograma (EEG), un estudio que permite ver la actividad eléctrica del cerebro y detectar si hay señales compatibles con crisis epilépticas. Sin embargo, el EEG suele recomendarse cuando realmente hay síntomas o sospecha clínica. La buena noticia es que, con el tratamiento adecuado, la mayoría de los niños logra controlar muy bien las crisis. Muchas veces basta con uno o dos medicamentos, y eso mejora muchísimo su seguridad, su descanso y su calidad de vida. 💙 Escuchar a tu intuición como mamá o papá también importa. Si algo te parece “raro”, si notas episodios que no sabes explicar o comportamientos que aparecen de repente, vale la pena comentarlo con el pediatra o el neurólogo. A veces, detectar estas señales a tiempo hace una gran diferencia.

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