Tener un hijo con autismo no significa tener todas las respuestas. Significa aprender sobre la marcha, improvisar, equivocarse y volver a intentarlo. No siempre es c贸modo ni sencillo, pero es profundamente real y transformador.
Ser madre o padre en este camino implica amar sin l铆mites y avanzar paso a paso. Ver la vida a trav茅s de la mirada de nuestro hijo, pura, directa y llena de matices, nos obliga a no rendirnos, nos inspira, nos ense帽a y nos muestra lo que realmente importa.
Hay d铆as agotadores y momentos muy duros. Hay noches sin descanso, decisiones dif铆ciles y miedos que no desaparecen. Y aun as铆, cada avance, cada sonrisa, cada peque帽o logro nos recuerda que todo el esfuerzo vale la pena. A veces el progreso es lento, otras veces es inesperado y maravilloso. En ambos casos, nos da fuerzas y nos renueva.
Cuando las palabras no llegan, el amor encuentra su propio idioma, est谩 en la mirada, en la presencia silenciosa, en la caricia que calma. No siempre hacen falta frases perfectas, muchas veces lo que m谩s reconforta es simplemente estar ah铆, con respeto y paciencia.
Cada persona del espectro es un mundo, colores, ritmos y formas 煤nicas de sentir y comunicarse. Si miramos con empat铆a descubrimos talentos, singularidades y una manera especial de entender la vida. No se trata de arreglar o normalizar a nadie, sino de acompa帽ar, respetar y potenciar lo que cada ni帽o trae consigo.
Es normal sentirse cansado, somos humanos. Por eso tambi茅n es vital cuidarnos como cuidadores, pedir ayuda, conectar con otras familias, buscar apoyo profesional y permitirnos descansar sin culpas. Cuando nosotros nos sostenemos, ellos pueden crecer m谩s seguros.
Al final, lo esencial es simple y profundo, no necesitan que hablemos perfecto, sino que los escuchemos con el coraz贸n. Porque la presencia sincera, la mirada atenta y el amor constante son, a menudo, el lenguaje m谩s claro y sanador que existe.

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